De la primera idea a la llamada, con reloj de verdad
Piensa en un jueves cualquiera. A las nueve menos veinte un lector termina de cenar cerca del Spui y vuelve andando hacia su hotel, ya bastante seguro de lo que quiere del resto de la noche. A las nueve menos cuarto escribe cuatro líneas en WhatsApp. A las nueve menos cinco la respuesta ha nombrado a Patricia, que sale desde junto al Dam, y ha dado un margen de cuarenta a sesenta minutos.
Tiene tiempo de coger el ascensor, subir la calefacción, quitar la chaqueta de la cama y encender una lámpara. A las nueve y diecinueve, ella llama. Ya había reservado con la casa antes, así que nada en esa secuencia exigió previsión, depósito ni llamada, y nada fue precipitado. Esa es toda la promesa de una reserva para la misma noche, y el resto de esta página solo explica cómo se protege cada uno de esos minutos.











